José Alfredo Martínez.
Todo cooperativista debe estar consciente de que el respeto de la jerarquía institucional es un pilar fundamental para la adecuada gestión de los organismos de integración en su función de representación y defensa del sector cooperativo.
El sector cooperativo es un motor clave de la economía y un modelo de organización social que se rige por principios de ayuda mutua, democracia y equidad.
Sin embargo, para que sus valores y visión impacten eficazmente en las políticas públicas y en el mercado, es imprescindible contar con una sólida jerarquía institucional dentro de sus organismos de integración y representación.
La correcta articulación de esta jerarquía no es un mero formalismo administrativo, sino una necesidad estratégica para asegurar una gestión de representación y defensa potente, coherente y eficaz.
Una jerarquía bien definida establece líneas claras de autoridad y responsabilidad. Esto es crucial para la gestión de representación, ya que esto va a permitir:
- Agilizar la toma de decisiones: Ante la necesidad de emitir posturas o negociar con actores externos (gobierno, gremios, organismos internacionales), una adecuada estructura jerárquica evita la dispersión de opiniones y garantiza que la voz que se eleva sea la oficial del sector.
- Asegurar la unidad de acción: La jerarquía permite que los organismos de base, las federaciones y la confederación (CONACOOP) trabajen bajo una estrategia común. La fragmentación debilita; mientras que la unidad emanada de un orden jerárquico multiplica el poder de negociación.
El respeto de la estructura jerárquica no solo sirve para ordenar las responsabilidades y procesos, sino que además nos va a permitir una eficiente asignación de funciones y recursos según el nivel:
- Especialización de Funciones: El nivel de base (cooperativas primarias) se enfoca en la gestión local y la satisfacción de las necesidades sus asociados y comunidades de impacto. Los niveles superiores (federaciones y confederación) se concentran en la macro-gestión, la representación, defensa, incidencia política, elaboración de normativas y asesoría legal, entre otras tareas que puedan requerir un alto grado de especialización técnica.
- Uso óptimo de recursos: Evita la duplicidad de esfuerzos y la repetición de tareas en distintos niveles. Eso se traduce en una gestión financiera más eficiente de las cuotas y aportes de la membresía. La concentración de la defensa y la representación en los niveles superiores especializados garantiza un mejor retorno de la inversión.
El respeto de la jerarquía institucional es crucial porque el éxito de la gestión de defensa va a depender, en gran medida, de la percepción que los actores externos tengan de la organización.
- Reconocimiento como interlocutor válido: Una estructura jerárquica y organizada proyecta seriedad, madurez y solidez institucional.Esto es fundamental para ser reconocido por el Estado y otras entidades como el interlocutor legítimo y único del movimiento cooperativo, dando peso a sus demandas y propuestas legislativas o regulatorias.
- Coherencia del Mensaje: Garantiza que el discurso de defensa sea coherente, técnicamente sólido y alineado con los principios cooperativos. Esta consistencia es vital para construir credibilidad.
Para alcanzar las metas sectoriales estratégicas, se necesita la existencia de una jerarquía eficaz; no es solo de arriba hacia abajo, sino que también debe ser igual de eficaz de abajo hacia arriba, para ello debe tener:
- Representación Auténtica: Las necesidades y problemáticas de las cooperativas de base sean efectivamente recogidas, filtradas y elevadas a los niveles donde se toman las decisiones de incidencia. De esta manera, la defensa se basa en la realidad del campo y no solo en abstracciones o suposiciones.
- Retroalimentación y Cumplimiento: Reconocer la importancia de mantener un flujo contante y ordenado de información sobre leyes, regulaciones y acuerdos negociados, asegurando que las bases estén informadas y puedan adaptar sus operaciones a los nuevos marcos normativos logrados por la gestión de defensa.
En definitiva, podemos afirmar que la jerarquía institucional no es ni debe ser un obstáculo a la democracia cooperativa, sino la garantía de su efectividad.
Debe tener una estructura bien articulada, con roles y responsabilidades claras, es la base sobre la cual el sector cooperativo puede ejercer una gestión de representación y defensa robusta, unificada y profesional.
El movimiento cooperativo podrá influir decisivamente en la construcción de un entorno legal y económico que favorezca el desarrollo sostenible de sus empresas y la prosperidad de sus asociados.
Todo el que se diga cooperativista está comprometido a reconocer, respetar e invertir tiempo y esfuerzo en la consecución del fortalecimiento y consolidación de los organismos de integración.
La afiliación de las cooperativas a su federación y de estas al CONACOOP; con esto estamos apostando a transformar el futuro del cooperativismo, los asociados, las comunidades y la sociedad.










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