José Alfredo Martínez.

Cooperativista.

En la doctrina cooperativa, el liderazgo no es una posición de poder, sino de servicio y participación.

Sin embargo, un fenómeno crítico está comprometiendo el futuro del sector: la marginación de líderes con visión prospectiva dentro de los propios órganos de dirección.

Mientras el entorno global exige agilidad, muchas estructuras de gobernanza cooperativa están relegando a aquellos directivos y cuadros técnicos que se atreven a cuestionar el presente para asegurar el mañana.

El líder estratégico en una cooperativa suele ser aquel que identifica que los modelos que dieron éxito en los últimos 20 años no garantizan la supervivencia de los próximos cinco.

No obstante, al proponer cambios estructurales o innovaciones disruptivas, este perfil choca con un liderazgo tradicional que, por temor al riesgo o pérdida de control, etiqueta la visión estratégica como rebeldía o falta de alineación con la cultura organizacional, cuando lo que ocurre es todo lo contrario.

La miopía estratégica en el liderazgo cooperativo ocurre cuando los líderes se centran excesivamente en las operaciones diarias, los procesos internos y los resultados a corto plazo, perdiendo de vista el entorno cambiante, las necesidades a largo plazo de los socios y la visión futura de la cooperativa. Este enfoque, a menudo anclado en el pasado, prioriza la maximización de activos actuales sobre la adaptación necesaria para sobrevivir y prosperar. [1, 2, 3]

Esta marginación no solo silencia a una o un conjunto de dirigentes; sino que  desactiva el radar de navegación de la cooperativa.

Esto podría provocar una metamorfosis de ese liderazgo relegado que degenere en un cambio de su actitud, debido a que cuando un directivo o técnico de alto nivel con capacidad estratégica es sistemáticamente ignorado por sus pares o superiores, atraviesa un proceso de erosión que destruye el capital social de la entidad.

  1. Disonancia de valores El líder estratégico puede entrar en conflicto al ver que los principios de gestión democrática y educación, entrenamiento e información se usan para mantener la inercia y no para el desarrollo y crecimiento de la entidad.
  2. Retracción hacia la zona de confort política: Para evitar el aislamiento, el visionario podría dejar de proponer. Convertirse en un líder de presencia, alguien que asiste a las sesiones, pero cuyo aporte crítico desaparece. Convirtiendo el silencio en su mecanismo de defensa.
  3. Cinismo institucional Al ver que la mediocridad es premiada y la visión es castigada, el líder relegado pierde la fe en el modelo. Su compromiso se volvería transaccional y su lealtad se desplazaría hacia otros proyectos personales o profesionales.
  4. La Fuga de relevo Este es el daño más grave. Los líderes emergentes y jóvenes profesionales observan este castigo al pensamiento estratégico y deciden no participar en la dirigencia, provocando un vacío de relevo generacional de calidad.

Para evitar la obsolescencia, el liderazgo cooperativo debe pasar de una actitud defensiva a una proactiva mediante estas estrategias de integración:

Institucionalizar el disenso técnico: Los Consejos de Administración deben formalizar comités de estrategia donde el cuestionamiento sea un requisito de gestión de riesgos. Han de entender que un líder que incomoda con datos y aportes es más útil que diez que asienten por costumbre.

Apertura a la mentoría inversa: La dirigencia tradicional debe abrirse a ser mentorizada por los perfiles más disruptivos en temas de tecnología, nuevas economías y tendencias sociales. El poder debe ser compartido con el conocimiento.

Gobernanza basada en la prospectiva La verdad es que la planificación estratégica no debe ser un documento estático, sino un ejercicio vivo. Integrar al líder visionario como responsable de proyectos de innovación permite fomentar y cultivar el sentido de propósito y pertenencia.

Auditorías de liderazgo y relevo Es de suma importancia evaluar periódicamente los procesos para ver si la estructura de mando está permitiendo la entrada de nuevas ideas o si se ha convertido en un círculo cerrado de autocomplacencia.

El verdadero sentido del cooperativismo va más allá de los excedentes; reside en su capacidad de ser una alternativa viable para sus asociados. Un liderazgo que asfixia a sus estrategas es un liderazgo que está administrando la decadencia institucional.

Reincorporar la visión prospectiva a la mesa de decisiones no es una opción técnica, es un imperativo ético. La pregunta para los consejos actuales es clara: ¿Están gobernando para la próxima asamblea o para la próxima generación?

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