Por: José Alfredo Martínez,

Cooperativista.

El concepto de que las ideologías habían llegado a su fin fue propuesta inicialmente por Daniel Bell (1960) y más tarde radicalizada por Francis Fukuyama en su obra «El fin de la historia y el último hombre» (1992). Este último autor argumentaba que, tras la caída del Muro de Berlín, la democracia liberal y el libre mercado eran la «forma final» de gobierno.

«Lo que estamos presenciando… es el punto final de la evolución ideológica de la humanidad y la universalización de la democracia liberal occidental».Francis Fukuyama.

Esta tesis resultó ser falsa porque el análisis contemporáneo demuestra que la ideología es inherente a la condición humana, ya que no es solo un sistema político, sino que es el «lente» a través del cual los humanos interpretamos la realidad social, política o económica, lo que resulta imposible sin el tamiz de la filosofía.

Este postulado del fin de la ideología ha propiciado el resurgimiento de los particularismos.

En lugar de un consenso global, hemos visto el retorno de ideologías basadas en la individualidad, religiosidad y el nacionalismo. Expresado en el ascenso de movimientos nacionalistas en Europa (Hungría, Polonia) y el «America First» en EEUU, demostrando que las personas no solo buscan eficiencia técnica (economía), sino también sentido de pertenencia y soberanía (ideología).

La técnica no es neutra. Bell y Fukuyama sugerían que los problemas serían resueltos por «expertos» (tecnocracia). Sin embargo, decidir cómo se distribuye la riqueza o quién accede a los sistemas de salud sigue siendo un dilema ideológico, no técnico.

Como bien señaló Chantal Mouffe, «La política siempre implica conflicto; intentar eliminarlo a través de la técnica solo genera resentimiento y extremismo».

3. Evidencias de la vigencia ideológica.

Vivimos el «regreso» de la geopolítica ideológica; los conflictos actuales entre las potencias (China, Rusia, Occidente) no son meramente comerciales; es una disputa entre modelos de vida (ideológico). Lo que demuestra la presencia de la ideología en su estado más puro.

Analicemos esta teoría en el sector cooperativo; en la gestión de una cooperativa, se confirma que el fin de las ideologías es falso:

a) La visión técnica: Ver a la cooperativa como un banco más (eficiencia fría).

b) La visión ideológica: Verla como un instrumento de justicia social y solidaria.

Entonces podemos afirmar que negar la presencia de la ideología en una cooperativa es despojarla de su identidad para convertirla en una empresa mercantil.

«La ideología es como el aliento: no puedes dejar de tenerla mientras estés vivo; solo puedes ignorar que la tienes» —Zizek (paráfrasis).

Para una organización, entender que las ideologías siguen vivas es vital, puesto que le permitirá conectar con sus propósitos (los «porqués») de su razón de ser para satisfacer las necesidades de sus asociados y empleados, en lugar de tratarlos como simples engranajes de una máquina.

En conclusión, la teoría del fin de las ideologías falló porque confundió el colapso momentáneo de una ideología con la desaparición de la necesidad humana de soñar con mundos distintos. Hoy no hay menos ideología; podría haber ideologías más fragmentadas y emocionales.

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