Dr. Enrique Quiñones
El cooperativismo no es solo un modelo de negocio; es una filosofía de vida y una herramienta de desarrollo potente y probada. En un mundo que busca modelos económicos más justos y sostenibles, las cooperativas se alzan como un faro de esperanza, demostrando que la rentabilidad puede y debe ir de la mano con la equidad, la solidaridad y la inclusión.
El éxito del sector cooperativo se fundamenta en sus valores y principios, los que le permiten generar beneficios tangibles para sus miembros y sus comunidades, tales como:
- Inclusión económica y social: Las cooperativas abren puertas a la participación económica a personas que, por diversas razones, han quedado excluidas del sistema financiero o empresarial tradicional. Esto permite a pequeños productores, consumidores, trabajadores o ahorradores se unan para alcanzar y practicar economías de escala con un mayor poder de negociación que no podría lograrse individualmente.
- Distribución justa de la riqueza: Bajo el principio de la gestión democrática («un socio, un voto»), las decisiones se toman pensando en el bienestar colectivo. Los sobrantes o excedentes, en lugar de concentrarse en pocas manos, se utilizan para reinvertirlos en la cooperativa, destinarlos a reservas o ser distribuidos entre los propios socios en proporción al uso de los servicios o su participación de estos en su generación.
- Desarrollo local sostenible: Las cooperativas están arraigadas en sus comunidades. A diferencia de las corporaciones que pueden deslocalizar su producción, la cooperativa tiene una vinculación y compromiso intrínseco con el territorio. Esto se traduce en la generación de empleo estable, el fomento de la infraestructura local y la inversión en proyectos de desarrollo social.
- Fomento de la cultura democrática y la educación: Son verdaderas escuelas de democracia participativa. Además, el séptimo principio cooperativo, el «Interés por la Comunidad», las llama a impulsar programas de formación y educación que elevan el capital humano y la conciencia social de sus integrantes.
El sector cooperativo enfrenta ataques constantes y un desconocimiento deliberado de su aporte por parte de grupos económicos y políticos que ven en la cooperación y solidaridad una amenaza a sus intereses.
Ante estos ataques no podemos permitir que se ignoren o minimicen nuestros logros:
- Aporte al PIB: Las cooperativas integran, a nivel mundial, decenas de personas y manejan miles de millones en activos, generan millones de empleos y son un pilar en sectores claves como el agrícola, el financiero (cooperativas de ahorro y crédito), el de vivienda y el de servicios. Por lo que su impacto en las economías de los países es vital.
- Escudo Social: En épocas de crisis económica, el sector cooperativo demuestra su resiliencia. Se ha demostrado que las cooperativas de ahorro y crédito, por ejemplo, mantienen el flujo de los créditos en zonas en donde la banca tradicional se retira ante la menor señal de riesgo.
- Capital Social: El mayor aporte de las cooperativas es la construcción de capital social. Nuestras organizaciones fomentan la confianza, la reciprocidad y la acción colectiva, elementos esenciales para la cohesión social y la gobernanza efectiva.
Es imperativo que el sector levante la voz junto al CONACOOP y las federaciones, no solo para defenderse de normativas injustas o intentos de deslegitimación, sino para proactivamente visibilizar y posicionar la agenda cooperativa como un componente esencial de cualquier plan de desarrollo nacional.
Todos estamos convencidos de que la dispersión debilita. En consecuencia, si queremos ser escuchados y defendernos de manera efectiva, debemos fortalecer los organismos de integración cooperativa, esto es al CONACOOP y a cada una de nuestras federaciones.
Conscientes de que solo a través de una voz unificada, potente y articulada se puede incidir en las políticas públicas, negociar con el Estado y el sector privado, y contrarrestar las campañas de desprestigio y pretensiones de aquellos que a sabiendas del impacto social de las cooperativas desean hacerlas desaparecer.
Es oportuno el momento para practicar la intercooperación (Sexto Principio) fomentando negocios entre cooperativas para multiplicar su impacto y fortalecer la cadena de valor. La unión de esfuerzos crea un ecosistema cooperativo autosuficiente y robusto a nivel social y económico.
El momento nos exige dejar de lado las diferencias internas que podamos tener para priorizar la defensa del modelo y la capitalización de sus beneficios, lo cual pasa, necesariamente, por una integración total y militante de todos los actores del movimiento.
El cooperativismo es el camino hacia una economía con rostro humano. Es hora de que el Estado, la sociedad y los propios cooperativistas reconozcan y defiendan este valioso aporte.
Juntos, somos invencibles..!!!










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