Es oportunidad para reafirmar el compromiso con un desarrollo más humano. El mensaje es claro: el futuro demanda economías más humanas, organizaciones más democráticas y ciudadanos más comprometidos con el bien común. En ese camino, el cooperativismo
Claudio E. Ramírez
Escritor y educador cooperativista
SANTO DOMINGO. Cada primer sábado de julio, el mundo celebra el Día Internacional del Cooperativismo, una fecha que trasciende el carácter conmemorativo para convertirse en un espacio de reflexión sobre la vigencia de un modelo empresarial que ha demostrado, a lo largo de su historia, que es posible generar desarrollo económico sin renunciar a la justicia social, la democracia y la solidaridad.
La conmemoración, promovida desde 1923 por la Alianza Cooperativa Internacional (ACI) y reconocida oficialmente por la Asamblea General de las Naciones Unidas desde 1995, adquiere una relevancia especial en un contexto marcado por profundas transformaciones económicas, sociales, ambientales y tecnológicas. Frente a estos desafíos, el cooperativismo continúa ofreciendo respuestas concretas sustentadas en la participación de las personas y en la construcción de bienestar colectivo.

La proclamación de 2025 como Año Internacional de las Cooperativas por parte de las Naciones Unidas, bajo el lema «Las cooperativas construyen un mundo mejor», constituye un reconocimiento al papel estratégico que desempeñan estas organizaciones en la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. No se trata de un reconocimiento simbólico, sino del resultado de una trayectoria centenaria que evidencia la capacidad del cooperativismo para promover inclusión financiera, empleo digno, seguridad alimentaria, igualdad de oportunidades y desarrollo local.
Las cooperativas representan hoy uno de los movimientos socioeconómicos más importantes del mundo. Millones de personas participan en organizaciones que operan en sectores tan diversos como el ahorro y crédito, la producción agropecuaria, la salud, la educación, la vivienda, los seguros, el consumo, el transporte y las energías renovables. En todos ellos prevalece un principio esencial: las personas son el centro de la actividad económica.
Esta característica distingue al cooperativismo de otros modelos empresariales. Mientras muchas organizaciones priorizan la rentabilidad del capital, las cooperativas buscan satisfacer necesidades comunes mediante una gestión democrática, donde cada asociado ejerce el mismo derecho a participar en las decisiones. Esa forma de gobernanza fortalece la transparencia, la corresponsabilidad y el sentido de pertenencia.
El éxito del modelo cooperativo descansa en los siete principios universales definidos por la Alianza Cooperativa Internacional: adhesión voluntaria y abierta; control democrático de los miembros; participación económica; autonomía e independencia; educación, formación e información; cooperación entre cooperativas; e interés por la comunidad. Estos principios convierten a las cooperativas en organizaciones capaces de equilibrar la eficiencia económica con la responsabilidad social y el desarrollo humano.
En la República Dominicana, el cooperativismo ha experimentado un crecimiento sostenido que lo posiciona como uno de los principales componentes de la economía social y solidaria. Su presencia alcanza prácticamente todas las provincias del país, ofreciendo servicios financieros, apoyo a la producción, programas educativos, iniciativas de responsabilidad social y proyectos comunitarios que impactan positivamente la vida de cientos de miles de dominicanos.
Sin embargo, el crecimiento institucional debe ir acompañado de una permanente renovación. La transformación digital, la innovación, el relevo generacional, la educación cooperativa, la sostenibilidad ambiental y el fortalecimiento de la gobernanza representan algunos de los principales desafíos que enfrenta el movimiento cooperativo en la actualidad. Afrontarlos con éxito exige una visión estratégica que preserve la identidad cooperativa mientras incorpora nuevas herramientas para responder a las demandas de un entorno cada vez más dinámico.
La educación ocupa un lugar central en este proceso. Una cooperativa fortalece su futuro cuando invierte en la formación continua de sus dirigentes, colaboradores y asociados. Solo mediante una educación permanente es posible consolidar una cultura organizacional basada en la ética, la participación democrática, la innovación y el compromiso con la comunidad.
Asimismo, resulta imprescindible fortalecer la cooperación entre cooperativas. El sexto principio cooperativo mantiene plena vigencia en un mundo interconectado, donde las alianzas estratégicas, el intercambio de conocimientos y el desarrollo de proyectos conjuntos amplían la capacidad de respuesta del sector frente a los desafíos económicos y sociales.
El Día Internacional del Cooperativismo también invita a valorar el extraordinario aporte que realizan miles de dirigentes, empleados y asociados que, desde sus respectivas organizaciones, trabajan diariamente para construir instituciones más eficientes, transparentes y comprometidas con el bienestar colectivo. Su labor silenciosa constituye uno de los principales activos del movimiento cooperativo.
En tiempos en que muchas sociedades buscan modelos económicos más inclusivos y sostenibles, el cooperativismo demuestra que la competitividad y la solidaridad no son conceptos incompatibles. Por el contrario, cuando se administran con responsabilidad, transparencia y visión de futuro, las cooperativas generan riqueza, fortalecen el tejido social y contribuyen al desarrollo integral de las comunidades.
Celebrar el Día Internacional del Cooperativismo es, en esencia, reafirmar la confianza en un modelo que coloca a las personas por encima del capital y que entiende el éxito empresarial como la capacidad de mejorar la calidad de vida de quienes participan en él. Ese es el legado que el cooperativismo ha construido durante más de siglo y medio y que continúa proyectándose como una alternativa vigente para enfrentar los desafíos del siglo XXI.
Hoy, más que nunca, el mensaje es claro: el futuro demanda economías más humanas, organizaciones más democráticas y ciudadanos más comprometidos con el bien común. En ese camino, el cooperativismo seguirá siendo una de las expresiones más sólidas de que el desarrollo sostenible se construye mediante la cooperación, la participación y la solidaridad.










Comenta con Facebook