El trato hacia los organismos de integración y sus directivos debe ser la encarnación del sexto principio cooperativo: Cooperación entre Cooperativas.

José Alfredo Martínez.

Cooperativista.

SANTO DOMINGO: En el ecosistema de la economía social, el éxito de una cooperativa no se mide solo por sus excedentes o su impacto local, sino por su capacidad de articularse con sus pares. El cooperativismo, por su naturaleza, es un modelo de redes.

Sin embargo, la salud de estas redes depende directamente de la calidad del vínculo entre los líderes de las cooperativas de base y los organismos de integración, sean estos federaciones y la confederación.

La relación y el trato de las cooperativas y sus dirigentes hacia los organismos de integración no deben ni pueden ser de cortesía diplomática, sino de un ejercicio de gobernanza estratégica basado en el respeto y la identidad cooperativa.

El trato hacia los organismos de integración y sus directivos debe ser la encarnación del sexto principio cooperativo: Cooperación entre Cooperativas.

Los directivos de primer grado no deben ver a las federaciones y la confederación como entidades ajenas o «proveedores de servicios», sino verlas como lo que son: la extensión política y técnica de su propia organización.

Un liderazgo cooperativo coherente con los valores de solidaridad y ayuda mutua entiende que fortalecer al organismo de integración es, en última instancia, blindar la sostenibilidad de su propia cooperativa frente a los desafíos de un mercado globalizado.

La relación entre un directivo y su organismo de integración debe estar regida por una gobernanza clara. Esto implica:

  1. Transparencia Recíproca: Los líderes de base deben exigir rendición de cuentas, pero también deben proveer información fidedigna y oportuna para que la integración funcione.
  1. Representación Activa: El trato competitivo exige que los delegados enviados como representantes a los organismos de integración no sean figuras pasivas, sino actores técnicos y políticos capaces de aportar a la visión sistémica del sector.

La gobernabilidad en la integración depende de la madurez de los líderes. A menudo, las tensiones surgen cuando los intereses particulares de una cooperativa o sus directivos chocan con el bien común del sector.”

  1. Respeto a la Institucionalidad: El trato hacia los dirigentes de los organismos de integración debe basarse en el respeto a su investidura. Las diferencias de criterio deben canalizarse a través de los órganos de debate (asambleas, consejos), evitando ataques personales que erosionen la imagen del movimiento.
  1. Crítica Constructiva vs. Fragmentación: Un directivo responsable ejerce la crítica para construir, no para fracturar la unidad del sector.

Detrás de las instituciones hay personas. El trato entre dirigentes debe reflejar los valores de honestidad y responsabilidad social. Un líder cooperativo que descalifica a sus pares de integración o que actúa con opacidad, está socavando la base de confianza que sostiene todo el modelo cooperativo.

«La integración no es un acto de caridad; es una decisión estratégica de supervivencia y poder colectivo

El futuro del cooperativismo depende de que sus líderes dejen de mirar solo su «patio trasero» y comprendan que su trato hacia los organismos de integración es la medida de su visión como estadistas de la economía social.

Tratar a los organismos de integración y sus dirigentes con rigor técnico, lealtad institucional y compromiso ético es la única vía para garantizar que el cooperativismo sea un interlocutor válido frente al Estado y un competidor sólido con capacidad de representación sectorial.

Comenta con Facebook