El aporte femenino no es accesorio, sino estructural, ya que las mujeres constituyen un pilar clave para fortalecer la integración, la innovación y el sentido social del cooperativismo

SAN SALVADOR. – El pasado sábado 28 de marzo, la afiliada de El Salvador, Cactiusa de R.L., realizó un conversatorio titulado “La contribución de las mujeres en el desarrollo del sector cooperativo”, desarrollado en el marco de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, como un espacio de reflexión, análisis e intercambio de experiencias sobre el papel protagónico de la mujer en el movimiento cooperativo.

Durante el encuentro, la presidenta del Consejo Directivo Regional CDR/CCC-CA, Eufracia Gómez Morillo, destacó que la mujer cooperativista es, simultáneamente, base social, fuerza productiva y liderazgo emergente dentro del sector.

Gómez Morillo subrayó que el aporte de la mujer al cooperativismo no se limita al número de afiliadas, sino que se expresa en la gestión eficiente, el impulso al emprendimiento, la sensibilidad social y la construcción de equidad dentro del modelo cooperativo.

En su intervención como panelista, indicó que las mujeres constituyen una parte muy significativa de la base social cooperativa, representando aproximadamente el 48%, y que realizan una “ardua labor en favor del sector”, aunque esta participación no siempre se refleja de manera proporcional en los órganos de dirección.

Asimismo, destacó que las mujeres ya ocupan más del 50% de las posiciones financieras y administrativas en las cooperativas, lo que evidencia su capacidad técnica y gerencial. En ese sentido, insistió en que el cooperativismo representa una vía directa para el emprendimiento femenino, la inclusión financiera y la superación de la pobreza, especialmente en sectores vulnerables.

Desde su experiencia, señaló que las cooperativas lideradas o integradas por mujeres impulsan importantes causas sociales, como la lucha contra la violencia de género y la promoción de la conciencia comunitaria.

Enfatizó que el reto no radica únicamente en participar, sino en acceder a los espacios donde se toman decisiones, afirmando que las mujeres deben “abrir esos grandes espacios y ocupar los cargos donde se dictan las leyes”.

Gómez Morillo también defendió que las posiciones de liderazgo no deben otorgarse por cuotas, sino alcanzarse por mérito, al señalar: “Tenemos muchas mujeres preparadas… que sí podemos ocupar diferentes cargos… en cualquier nivel del sector”.

En su visión, el aporte femenino no es accesorio, sino estructural, ya que las mujeres constituyen un pilar clave para fortalecer la integración, la innovación y el sentido social del cooperativismo, contribuyendo de manera decisiva al liderazgo, la transformación y el desarrollo del sector.

En ese mismo orden, reiteró que las mujeres representan una proporción significativa de la base cooperativa (alrededor del 48%) y que su labor, aunque ampliamente reconocida en la práctica, aún requiere mayor visibilidad en las estructuras de poder. Reafirmó además que su presencia en áreas financieras y administrativas evidencia un alto nivel de competencia profesional.

En cuanto al empoderamiento económico y social, insistió en que el cooperativismo constituye una herramienta efectiva para promover el emprendimiento femenino, la inclusión financiera y la reducción de la pobreza en comunidades vulnerables.

De igual forma, destacó que las cooperativas lideradas o integradas por mujeres desempeñan un rol relevante en la promoción de valores sociales, incluyendo la prevención de la violencia de género y el fortalecimiento del tejido comunitario.

Por su parte, la presidenta del Consejo Regional de Igualdad de Género (CRIG), Sadia Ortega Paz, desarrolló un enfoque centrado en la equidad, la inclusión y el liderazgo transformador de la mujer dentro del cooperativismo.

En su intervención, resaltó la necesidad de construir una agenda regional de igualdad de género, fomentar el intercambio de experiencias entre países y fortalecer políticas cooperativas con enfoque de género.

En su mensaje, presentado en modalidad virtual, vinculó directamente el cooperativismo con la inclusión económica de la mujer, la reducción de las desigualdades y la construcción de sociedades más justas, destacando que la mujer cooperativista debe ser concebida como agente activo de desarrollo sostenible y no únicamente como beneficiaria del sistema.

El conversatorio concluyó reafirmando el compromiso del movimiento cooperativo con la promoción de la equidad de género como principio esencial para el fortalecimiento institucional, la democracia interna y el desarrollo sostenible del sector.

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