La educación cooperativa juega un papel vital en este proceso, inculcando los valores de la cooperación y la solidaridad desde las bases societarias

Enrique Quiñonez.

El cooperativismo es una fuerza económica y social poderosa, cimentada en los principios de ayuda mutua, democracia, igualdad y solidaridad. Sin embargo, para que estos ideales se traduzcan en un impacto real y sostenible, la integración entre sus diferentes actores es fundamental.

En la República Dominicana, el sector cooperativo ha experimentado un crecimiento notable, pero este desarrollo se enfrenta a un desafío interno crucial: la existencia de una visión desunificada de algunos actores.

A menudo, la competencia entre cooperativas, la búsqueda de intereses particulares por encima del bienestar colectivo de algunos dirigentes y la fragmentación de esfuerzos generan debilidad en el sector.

Este comportamiento no solo contraviene la esencia misma del cooperativismo, sino que también limita la capacidad para negociar de los organismos de integración, haciendo difícil acceder, como bloque, a mercados más amplios limitando la oportunidad de las cooperativas de ofrecer servicios más competitivos a sus asociados.

La verdadera fortaleza del cooperativismo reside en su capacidad para actuar como un todo. La integración no implica la pérdida de autonomía, sino la suma de voluntades y recursos para lograr objetivos mayores. La falta de confianza, las rivalidades históricas o la visión cortoplacista de algunos líderes pueden erosionar los cimientos de la solidaridad que dieron origen a nuestras organizaciones.

Un sector cooperativo fragmentado es vulnerable. Sus voces se dispersan en lugar de unirse en un coro potente ante las autoridades, el mercado y los intereses particulares. Esta realidad hace que la capacitación, la innovación y la protección de los intereses de los socios se vuelvan más difíciles de gestionar de manera eficiente.

Superar la fragmentación requiere un cambio de mentalidad. Los dirigentes y líderes cooperativistas deben ser los principales promotores de la colaboración y la unidad, entendiendo que el éxito de una cooperativa beneficia a todo el sector.

La educación cooperativa juega un papel vital en este proceso, inculcando los valores de la cooperación y la solidaridad desde las bases societarias.

Es imperativo establecer mecanismos de diálogo y coordinación que permitan la creación de alianzas estratégicas, la estandarización de procesos y la defensa conjunta de los intereses del cooperativismo. La creación de federaciones fuertes y la participación activa en el CONACOOP son pasos concretos hacia un cooperativismo más sólido y resiliente.

La integración no es una opción, sino una necesidad. Es el único camino para que el cooperativismo dominicano cumpla su misión de ser un motor de desarrollo sostenible y un ejemplo de cómo la solidaridad puede transformar la sociedad para que sea más inclusiva, democrática y solidaria.

 

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